El toro que mató a Joselito el Gallo fue Bailaor, de la ganadería de la Viuda de Ortega, y su nombre quedó unido para siempre a la tarde de Talavera de la Reina del 16 de mayo de 1920. Yo separaría desde el principio el dato histórico de la leyenda, porque alrededor de esa cornada se han mezclado crónica, superstición y memoria taurina. En las líneas que siguen explico quién era ese toro, qué ocurrió realmente en la plaza y por qué aquel episodio sigue siendo una referencia inevitable en la tradición taurina española.
Bailaor quedó unido a Talavera, a la superstición y al final de una época
- Bailaor fue el toro de la Viuda de Ortega que hirió mortalmente a Joselito en Talavera.
- La cogida ocurrió el 16 de mayo de 1920, en el quinto toro de la tarde.
- La versión más sólida sitúa a Gregorio Corrochano como testigo clave de la tragedia.
- La tradición añadió después la historia de la posible superstición de Rafael “El Gallo”.
- La muerte de Joselito cerró simbólicamente una etapa esencial de la tauromaquia moderna.
Quién era el toro que mató a Joselito el Gallo
La respuesta breve es clara: se llamaba Bailaor, aunque en algunas fuentes aparece como Bailador. Era un toro de la ganadería de la Viuda de Ortega, negro, con el número 7 en los costillares, de unos 260 kilos y con cinco años cumplidos o muy cerca de ellos según las descripciones que se han conservado. Esa ficha, que puede parecer fría, importa porque ayuda a desmontar el mito de que todo fue una casualidad difusa: no, hubo un toro concreto, con una procedencia concreta y unas características que la crónica taurina dejó muy bien marcadas.
Yo me quedo con un matiz que suele perderse: Bailaor no pasó a la historia solo por matar a Joselito, sino porque quedó fijado como un toro de comportamiento brusco, corto de pitones y con fama de burriciego, es decir, con una visión poco fina para la distancia corta. En el lenguaje taurino eso no es un detalle menor, porque condiciona la embestida, el cálculo del torero y el margen real de reacción. Cuando una corrida se lee con precisión, se entiende mejor por qué ciertos animales dejan una huella mucho más profunda que otros.
| Dato | Información | Por qué importa |
|---|---|---|
| Nombre | Bailaor, con la variante Bailador en algunas publicaciones | Evita confundir la tradición oral con la forma más repetida en la documentación taurina |
| Ganadería | Viuda de Ortega | Identifica el origen ganadero del toro y su línea de bravura |
| Fecha | 16 de mayo de 1920 | Marca la fecha que quedó asociada al final de Joselito |
| Lugar | Plaza de toros de Talavera de la Reina | Da contexto a una de las tardes más recordadas del toreo español |
| Peso aproximado | 260 kg | Aporta una idea del tipo de toro al que se enfrentó Joselito |
Con el toro ya identificado, lo importante es entender cómo se produjo la cogida y por qué la narración de ese momento sigue citándose un siglo después.
La tarde de Talavera minuto a minuto
La corrida de Talavera no fue una tarde cualquiera. Joselito entró en el cartel a última hora y compartió paseíllo con su cuñado Ignacio Sánchez Mejías en un mano a mano que, visto desde hoy, tiene algo de ajuste fatal entre familia, oficio y destino. El toro de la tragedia fue el quinto de la tarde, pequeño, bronco y con una embestida que no admitía el más mínimo descuido.
- Joselito se incorporó al festejo casi sobre la marcha, algo que ya añade tensión a la historia.
- La corrida se desarrolló en Talavera de la Reina, no en una gran feria madrileña, lo que hace todavía más llamativa su resonancia posterior.
- Bailaor salió como quinto toro y mostró un comportamiento incómodo, de esos que exigen mando y temple desde el primer momento.
- En el momento de preparar un pase, el toro no siguió el engaño y prendió al torero en el vientre.
- La cornada fue mortal y Joselito murió poco después en la enfermería.
Y precisamente porque la realidad fue tan seca, el mundo taurino empezó enseguida a envolverla en significado. De ahí nace la superstición, que es el siguiente eslabón de esta historia.
La superstición de Rafael “El Gallo” y lo que hay de cierto
La tradición taurina cuenta que Bailaor correspondía primero a Rafael “El Gallo”, hermano de Joselito, y que él se negó a lidiarlo al verlo bizco, una señal considerada de mal agüero. Después, según ese mismo relato, el toro pasó al menor de los Gallo y la tragedia se cerró como si hubiera obedecido a una fatalidad preescrita. Esa es la parte más famosa del episodio, pero también la más delicada, porque mezcla memoria, ambiente de plaza y reconstrucción posterior.
Yo separo muy bien dos planos. Uno es el histórico: Joselito murió por la cornada de Bailaor en Talavera. Otro es el simbólico: el toreo, que vive mucho de intuiciones, presagios y gestos, convirtió aquella tarde en una especie de ejemplo perfecto de fatalidad anunciada. No hace falta convertir la superstición en documento para entender su fuerza cultural. De hecho, ahí está su valor: explica por qué esta cornada no se recuerda solo como una muerte, sino como una escena cargada de destino.
En el mundo del toro, términos como burriciego o bizco no son florituras. Condensan una forma de leer al animal y de anticipar un peligro real. Lo que la tradición hizo con Bailaor fue elevar ese lenguaje técnico a relato moral. Y eso, nos guste más o menos, es parte de la cultura taurina tanto como el pase, la estocada o el parte médico.
Con esa base, ya se entiende mejor por qué la muerte de Joselito trascendió la anécdota personal y se convirtió en un hito de toda la tauromaquia.Por qué esa cornada cambió la historia taurina
Joselito no era un torero más. Junto con Juan Belmonte, representó una de las grandes columnas de la llamada Edad de Oro del toreo y empujó cambios que afectaron al modo de seleccionar el toro, de concebir la lidia y de pensar la plaza como espacio monumental. A mi juicio, esa es la razón de fondo por la que su muerte pesa tanto: no se perdió solo a una figura brillante, sino a uno de los grandes ordenadores del toreo moderno.
La consecuencia emocional fue inmediata y la cultural aún más larga. La noticia sacudió al ambiente taurino y dejó una sensación de final de ciclo. En Sevilla, la relación del torero con la Macarena hizo que el duelo se viviera también como una pérdida popular, casi civil, no solo profesional. Desde entonces, el 16 de mayo quedó asociado a la memoria taurina, y hoy sigue recordándose como una fecha de referencia en la afición.
- Joselito ayudó a fijar criterios más exigentes en la selección del toro bravo.
- Su figura consolidó la idea del torero total, capaz de mandar, pensar y construir faena.
- La muerte en Talavera cortó en seco una trayectoria que todavía tenía mucho peso en la evolución de la fiesta.
- La efeméride terminó convirtiéndose en una jornada de recuerdo para parte del sector taurino.
La Fundación Toro de Lidia recuerda cada año esa fecha como un símbolo del mundo del toro, y eso muestra hasta qué punto el episodio dejó de ser una simple crónica de sucesos para pasar a formar parte del calendario cultural taurino. El siguiente paso es mirar cómo se conserva hoy ese recuerdo y qué conviene leer con cautela.
Lo que sigue diciendo Bailaor sobre la memoria del toreo
Si hoy alguien me pregunta por Bailaor, yo no respondería solo con un nombre. Diría que es el toro que condensó tres cosas a la vez: la precisión de una crónica, la fragilidad de una tarde y la necesidad humana de convertir una tragedia en relato. Por eso su historia sigue viva en libros, monumentos, artículos y tertulias taurinas. No hace falta compartir una visión épica de la tauromaquia para reconocer que este episodio pertenece a su núcleo más influyente.
Lo más útil para leer bien esta historia es quedarse con tres reglas sencillas: identificar el toro, distinguir el hecho de la tradición y entender el impacto histórico. Con eso basta para no perderse entre versiones. Bailaor fue el toro de la Viuda de Ortega que hirió mortalmente a Joselito en Talavera; lo demás es el eco cultural de un suceso que cambió la manera de recordar a una figura decisiva del toreo español.
Y si uno quiere una lectura realmente completa, merece la pena mirar también el contexto ganadero y artístico de la época, porque ahí se ve con mucha más claridad por qué la muerte de Joselito no cerró solo una vida: cerró, para muchos aficionados, una forma entera de entender la lidia.