La respuesta a cómo se llamaba el toro que mató al Yiyo es clara: se llamaba Burlero y pertenecía a la ganadería de Marcos Núñez. Pero el dato, por sí solo, se queda corto si no se entiende el contexto: la tarde de Colmenar Viejo, la dimensión de la cogida y por qué ese nombre sigue apareciendo cada vez que se habla de tragedias taurinas en España. Aquí voy a ir a lo concreto, sin rodeos, para dejar bien fijado el nombre del toro y lo que representa.
La respuesta breve y el contexto que importa de verdad
- El toro se llamaba Burlero.
- Era un ejemplar de la ganadería de Marcos Núñez.
- La cogida ocurrió en Colmenar Viejo el 30 de agosto de 1985.
- Yiyo, José Cubero Sánchez, murió a consecuencia de esa cornada y quedó unido para siempre a ese episodio.
- La confusión más habitual es mezclar este caso con el de Paquirri, cuyo toro fue Avispado.
La respuesta exacta y los datos básicos
Si lo que necesitas es el dato preciso, no hay margen para la duda: Burlero fue el toro que hirió de muerte a Yiyo. El matador era José Cubero Sánchez, una figura muy joven que ya había despertado una atención enorme dentro de la afición, y el episodio quedó fijado en la memoria taurina por la gravedad de la cornada y por el impacto emocional que provocó en España.
| Elemento | Dato correcto |
|---|---|
| Torero | José Cubero Sánchez, “Yiyo” |
| Toro | Burlero |
| Ganadería | Marcos Núñez |
| Plaza | Colmenar Viejo |
| Fecha | 30 de agosto de 1985 |
RTVE recoge esta cronología al repasar a los matadores fallecidos en la plaza, y esa coincidencia con otras referencias taurinas consolida el dato: Burlero es el nombre correcto que conviene recordar. Con eso claro, ya podemos entrar en lo que ocurrió aquella tarde y por qué sigue teniendo tanto peso.

Qué pasó en Colmenar Viejo aquella tarde
La corrida de Colmenar Viejo terminó convertida en una de esas fechas que la afición no olvida. Burlero cogió a Yiyo durante la lidia y la herida resultó mortal. En la lectura taurina del episodio, no pesa solo el desenlace, sino la sensación de ruptura: una trayectoria que apuntaba muy alto quedó truncada de forma abrupta, y eso explica que el recuerdo siga tan vivo.
Yo creo que aquí está la clave de su permanencia en la memoria. No hablamos de una anécdota ni de un accidente aislado, sino de una tarde que condensó la parte más dura de la tradición taurina: la exposición al riesgo, la imprevisibilidad del toro y el precio extremo que a veces tiene ese oficio. Cuando se cuenta bien, esta historia no necesita adornos; basta con explicar qué pasó, dónde y con qué consecuencias.
Por eso el nombre de Burlero no se entiende separado del lugar y de la fecha. Si se descontextualiza, parece solo el nombre de un toro; si se sitúa en su momento exacto, se convierte en una referencia histórica. Y de ahí se pasa a una cuestión todavía más útil: por qué este caso sigue apareciendo cuando se compara con otros grandes dramas taurinos.
Por qué Burlero quedó ligado para siempre al nombre del Yiyo
En la cultura taurina hay nombres de toros que dejan de ser simples nombres. Pasan a funcionar como marcas de memoria. Burlero es uno de esos casos. No se recuerda por un comportamiento brillante en el ruedo ni por una lidia especialmente celebrada, sino por el lugar que ocupa en la última tarde de Yiyo y por el eco que dejó en la afición.
- Porque el torero era una figura en ascenso y su muerte alteró la percepción de toda una época.
- Porque la cornada se produjo en una plaza española muy identificable, Colmenar Viejo, lo que facilitó que el recuerdo se mantuviera vivo.
- Porque el nombre del toro quedó fijado en la memoria colectiva, igual que ocurre con otros casos muy conocidos del toreo.
- Porque la tragedia no fue leída solo como un suceso, sino como parte de una historia mayor sobre el riesgo y la liturgia de la tauromaquia.
A mí me parece que esa es la razón de fondo por la que todavía se busca este dato con tanta frecuencia: no se trata únicamente de curiosidad, sino de querer poner orden en una memoria compartida. Y cuando un nombre se repite durante décadas, conviene distinguirlo bien de otros episodios parecidos para no mezclar historias distintas.
Las confusiones más comunes cuando se recuerda el caso
La confusión más habitual es mezclar a Yiyo con Paquirri. Pasa porque ambos murieron a consecuencia de una cornada y porque sus nombres quedaron unidos a toros muy recordados. Pero el toro de Paquirri fue Avispado, mientras que el de Yiyo fue Burlero. Si el objetivo es dejar el dato impecable, esa es la frontera que hay que respetar.
| Torero | Toro | Ganadería | Lugar | Año |
|---|---|---|---|---|
| José Cubero “Yiyo” | Burlero | Marcos Núñez | Colmenar Viejo | 1985 |
| Francisco Rivera “Paquirri” | Avispado | Sayalero y Bandrés | Pozoblanco | 1984 |
También se suele confundir el nombre del toro con el de la plaza o con la ganadería. Ocurre mucho cuando el recuerdo se transmite de oídas, porque en historias tan marcadas por la emoción la memoria mezcla datos si no se fijan bien desde el principio. Mi consejo es sencillo: si vas a citar el caso, guarda siempre juntos tres elementos, toro, ganadería y plaza. Esa tríada evita la mayoría de errores.
Con estos datos bien alineados, ya solo queda una idea útil: saber el nombre está bien, pero entender por qué ese nombre importa todavía más.
Lo esencial que merece quedar en la memoria taurina
Si tuviera que condensarlo en una sola línea, diría esto: Burlero fue el toro de Marcos Núñez que acabó con la vida de Yiyo en Colmenar Viejo el 30 de agosto de 1985. Ese es el dato exacto, sin adornos y sin mezcla con otras tragedias taurinas.
La otra parte importante es más humana que técnica. Yiyo no quedó en la memoria solo por la forma en que murió, sino porque encarnaba una esperanza real dentro del toreo español. Por eso su nombre sigue apareciendo en conversaciones, homenajes y piezas de historia taurina: no como un apunte aislado, sino como el recuerdo de una carrera que todavía parecía tener mucho por delante.
Si querías una respuesta corta, ya la tienes. Si además querías ubicarla bien dentro de la tradición taurina, el dato no se agota en el nombre del toro: también habla de una época, de una afición y de la manera en que el toreo conserva su memoria cuando el tiempo pasa y los detalles empiezan a confundirse.
