Cuando repaso la historia del toreo español, pocas figuras me parecen tan claras como Santiago Martín “El Viti”. Su nombre resume una manera de entender la lidia a pie con temple, colocación y una seriedad que no dependía del exceso, sino del control. Aquí explico quién fue, por qué se convirtió en referencia y cómo encaja su figura dentro del mundo de toreros y rejoneadores.
Lo esencial de su trayectoria y de su forma de torear
- Nació en Vitigudino, Salamanca, en 1938, y tomó el apodo de su pueblo.
- Se vistió de luces en 1956, debutó con picadores en 1957, tomó la alternativa en Madrid en 1961 y se retiró en Valladolid en 1979.
- Fue un matador de perfil clásico, ligado a la escuela castellana o salmantina, con un toreo sobrio y muy templado.
- En Las Ventas sumó 16 Puertas Grandes, 14 como matador y 2 como novillero.
- Recibió distinciones importantes, entre ellas la Medalla de Oro de las Bellas Artes y premios autonómicos por su trayectoria.

Quién fue El Viti y por qué su nombre sigue pesando
Santiago Martín Sánchez nació en Vitigudino en 1938 y adoptó como nombre de ruedo el de su tierra, algo que ya anticipa la relación tan estrecha entre su figura y Salamanca. Empezó muy joven en capeas, se vistió de luces en agosto de 1956 y debutó con picadores en 1957; poco después sufrió una fractura en el brazo izquierdo tras una cogida en Francia, una lesión que no lo apartó del toreo, pero sí terminó de dibujar un estilo muy personal. En Madrid confirmó su valor como novillero en 1960, tomó la alternativa el 13 de mayo de 1961 y acabó sumando más de 800 corridas antes de retirarse en Valladolid el 16 de septiembre de 1979.
Lo que me parece más interesante no es solo la cronología, sino la coherencia del recorrido: desde el inicio quedó claro que no era un torero de efecto fácil, sino de oficio y personalidad. Esa base explica por qué, décadas después, su nombre sigue apareciendo cuando se habla de figuras que dejaron una huella real y no solo una colección de tardes llamativas.
Esa huella se entiende mejor si se mira su concepto del toreo, porque ahí está la parte que de verdad lo diferencia.
El toreo sobrio que lo convirtió en referencia
El Viti representó un toreo sobrio, de trazo limpio y sin adorno superfluo. Lo suyo no era buscar el aplauso inmediato, sino gobernar al toro con colocación, temple y una lectura muy fina de cada embestida. A mí me gusta describirlo así: menos gestualidad, más verdad en el embroque.
Esa personalidad se notaba especialmente con la muleta, donde su forma de ligar las series transmitía mando y cadencia. La lesión del brazo izquierdo no le robó valor artístico; al contrario, acabó marcando una naturalidad poco común, porque le obligó a construir una expresión muy propia sin apoyarse en la estética grandilocuente de otros toreros de su época.
La referencia a la escuela castellana no es un adorno académico: explica que su toreo tenía seriedad, terreno corto y poco margen para el artificio. Por eso su figura sigue interesando a quien quiere ver el fondo de una faena y no solo su envoltorio.
Las Ventas, la plaza que midió su dimensión
Si hay una plaza que define su carrera, es Las Ventas. Allí salió por la Puerta Grande 16 veces en total, 14 como matador y 2 como novillero, una cifra que sigue siendo la más alta lograda por un torero en Madrid. No es solo un dato de palmarés: en una plaza tan exigente, repetir el éxito demuestra capacidad para responder cuando la plaza aprieta y el toro no concede nada gratis.
Su presentación como novillero en 1960 ya fue rotunda, y la alternativa en 1961 terminó con otra salida a hombros. Después llegaron tardes especialmente recordadas en 1965, 1966, 1969 y 1970, años en los que convirtió Madrid en el escenario donde más claramente se veía su oficio. En la misma plaza llegó a cortar 40 orejas como matador, un registro que ayuda a entender por qué se le considera una referencia histórica en el coso madrileño.
Cuando un torero domina una plaza así durante tanto tiempo, lo que queda no es una anécdota: queda autoridad. Y precisamente porque su figura nace en el ruedo a pie, conviene separarla con precisión del mundo del rejoneo.
En qué se diferencia de un rejoneador
El Viti no fue rejoneador, sino torero de a pie. La diferencia no es menor: en el rejoneo el protagonismo recae en el caballo, en la doma y en la distancia; en el toreo a pie manda la colocación ante el toro, el temple con la muleta y la ligazón de los muletazos. Cuando alguien mezcla ambos mundos, pierde matices importantes de la fiesta.
| Criterio | El Viti y el toreo a pie | El rejoneo |
|---|---|---|
| Herramienta principal | Capote, muleta y estoque | Caballo y rejón |
| Relación con el toro | Cercanía, temple y colocación | Distancia medida, control desde la montura |
| Qué premia más el público | Pureza, mando y ligazón | Espectáculo ecuestre, precisión y ritmo |
| Qué exige más al espectador | Leer la faena y valorar el oficio | Observar la doma y la coordinación a caballo |
Para quien estudia toreros y rejoneadores, El Viti sirve como frontera clara: su valor está en la pureza clásica del toreo a pie. Esa diferencia importa porque permite medir mejor qué tipo de mérito aporta cada especialidad y evita comparaciones simplistas.
Los reconocimientos que explican su lugar en la historia
La trayectoria de El Viti no se sostuvo solo en los aplausos de las plazas. En 1997 recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes, en 2009 la Junta de Castilla y León le concedió el Premio de las Artes y en 2015 obtuvo el Premio Tauromaquia de Castilla y León. Esa secuencia importa porque muestra algo poco frecuente: un matador reconocido no solo por sus resultados, sino por el valor cultural de su manera de torear.
La propia Junta de Castilla y León lo presenta como el primer y único torero distinguido con su Premio de las Artes, un dato que resume bien su singularidad. Y en junio de 2025, la Diputación de Salamanca le dedicó un homenaje en La Glorieta con placa conmemorativa, ligado además al 40 aniversario de la Escuela de Tauromaquia de la provincia.
Cuando una figura sigue recibiendo homenajes tantos años después de su retirada, no es por nostalgia vacía. Es porque todavía cumple una función clara dentro de la memoria taurina de su tierra y de todo el país.
Lo que su legado sigue enseñando al aficionado en 2026
Si uno quiere entender por qué El Viti sigue pesando, yo miraría tres cosas: la colocación, el temple y la capacidad de repetir buenas tardes sin depender del ruido mediático. Su legado también ayuda a leer mejor la diferencia entre un torero de a pie y un rejoneador, porque ambos exigen precisión, personalidad y respeto por el toro, pero lo hacen con lenguajes muy distintos.
En 2026, su nombre sigue siendo útil para quien busca criterio y no solo recuerdos. El Viti recuerda que el toreo clásico español no se sostiene en la exageración, sino en la firmeza con que se resuelve cada momento de la faena.
Por eso su figura no pertenece solo al pasado: sigue siendo una referencia para leer el toreo con más calma, con más exigencia y con más fondo.
