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Plaza de toros más antigua de España - ¿Béjar, Ronda o Sevilla?

Fernando Tafoya 28 de febrero de 2026
La plaza de toros de Las Ventas, la primera plaza de toros de España, con su ruedo de arena y gradas de piedra bajo un cielo azul.

Índice

Hablar del origen de una plaza de toros no es una curiosidad menor: ayuda a entender cómo la tauromaquia pasó de los festejos improvisados en plazas mayores a los cosos permanentes de piedra. En este artículo aclaro qué plaza suele considerarse la primera plaza de toros de España, por qué Béjar concentra el consenso histórico y de dónde nace la confusión con Ronda o Sevilla. También verás qué detalles arquitectónicos y patrimoniales merecen la pena para interpretar bien este tipo de recintos.

Lo esencial para situar la plaza taurina más antigua de España

  • Béjar es la respuesta más sólida cuando se habla de la plaza fija más antigua conservada en España.
  • El coso de El Castañar se asocia a una construcción entre 1711 y 1714, aunque antes hubo festejos allí en estructuras provisionales.
  • La primera lidia documentada en ese enclave se sitúa en 1667, en un cerramiento improvisado de madera.
  • Antes de existir plazas estables, las corridas se celebraban en plazas mayores y recintos temporales.
  • Ronda y Sevilla son referencias taurinas muy potentes, pero no ocupan el primer lugar histórico si lo que se busca es antigüedad.

La respuesta corta es Béjar, pero con un matiz importante

Yo lo resumiría así: si preguntas por la plaza estable más antigua que se conserva en España, la referencia es Béjar. El Castañar, conocida como La Ancianita, es la respuesta que mejor encaja con esa idea de “primera” cuando hablamos de un coso fijo, de fábrica, y no de un improvisado cierre de madera.

Ahora bien, el matiz importa. La historia taurina no nació de golpe en un edificio cerrado; fue evolucionando poco a poco. Primero hubo festejos puntuales, después cerramientos provisionales y, más tarde, plazas pensadas ya para acoger público, ordenar la lidia y dar solidez al espectáculo. Por eso, cuando alguien pregunta por el origen, conviene distinguir entre antecedente, plaza estable y plaza monumental. Esa diferencia evita muchas respuestas rápidas pero poco precisas.

Si quiero ser riguroso, yo no diría solo “la más antigua” y ya está. Diría que Béjar ocupa el lugar más sólido en la conversación histórica cuando hablamos del primer coso taurino permanente de España. Y a partir de ahí se entiende mejor por qué su caso es tan relevante. Para verlo con claridad, hay que entrar en su historia concreta.

Por qué Béjar concentra el consenso histórico

Arena de la primera plaza de toros de España, con gradas de piedra y barreras de madera bajo un cielo azul.

El Portal de Turismo de Castilla y León sitúa en El Castañar la plaza de toros más antigua de España, y esa afirmación encaja con lo que se conserva hoy. Allí se documenta una primera lidia en 1667, ligada a una recaudación para las obras del santuario cercano, en un recinto cerrado con maderas. Más tarde, en 1707, se levantó otro espacio de madera enrejada, y entre 1711 y 1714 se construyó el coso de fábrica que ha llegado hasta nuestros días.

Ese detalle es importante: no se trata de una plaza “reformada sin más”, sino de un recinto que conserva la lógica de un edificio taurino temprano. Tiene un coso circular de 41 metros de diámetro, aforo para 4.200 personas y un perímetro que mantiene la huella del proyecto original. Además, su evolución arquitectónica se lee en capas: la estructura inicial del siglo XVIII, los añadidos posteriores y la manera en que el edificio siguió vivo sin perder su identidad.

Lo que más me interesa de Béjar no es solo la edad. Es el hecho de que permite ver, casi de un vistazo, cómo se institucionaliza el toreo. La plaza no aparece como una rareza aislada, sino como una respuesta práctica a una afición que necesitaba orden, seguridad y visibilidad. Esa es la clave que la convierte en algo más que una curiosidad cronológica. Y precisamente esa transición explica por qué, antes de los cosos de piedra, el toreo se jugaba en otros espacios mucho menos estables.

Antes del coso fijo, la fiesta se celebraba en espacios provisionales

Durante siglos, los festejos taurinos se celebraron en plazas mayores, no en recintos especializados. Esto no fue una etapa “primitiva” en sentido despectivo, sino una solución lógica: el espacio urbano abierto permitía reunir público, organizar celebraciones cívicas y adaptar la fiesta a la vida de la ciudad. Las corridas, además, estaban muy ligadas al ceremonial y a las fiestas patronales, así que no hacía falta todavía un edificio específico para cada acontecimiento.

Con el tiempo, la lidia cambió. El toreo a pie ganó peso, el público creció y la necesidad de controlar entradas, salidas, barreras y visibilidad se volvió más importante. Ahí nacen los recintos cerrados, primero con madera y luego con piedra. En términos prácticos, el cambio fue enorme: un espacio improvisado servía para una fiesta puntual; una plaza estable permitía programar, ordenar y rentabilizar el espectáculo. Dicho de otro modo, el paso de la plaza mayor al coso fijo marcó el momento en que la tauromaquia empezó a parecerse a lo que hoy reconocemos como tradición institucionalizada.

También cambió la arquitectura. Aparecen los chiqueros, que son los compartimentos donde se encierra al toro antes de salir al ruedo, y se afina la distribución de tendidos, palcos y accesos. Ese tipo de diseño no es decorativo: responde a necesidades muy concretas de seguridad, jerarquía social y control del espectáculo. Cuando se entiende esto, la antigüedad de Béjar deja de ser un dato suelto y se convierte en una pieza dentro de una evolución mucho más amplia. Y es aquí donde suelen aparecer las confusiones con otras plazas muy célebres.

Ronda y Sevilla explican por qué esta pregunta se discute tanto

La duda es normal, porque hay cosos taurinos con un peso simbólico enorme que a menudo se confunden con el primero. Ronda es el ejemplo más claro: su plaza, inaugurada en 1785, es una de las más bellas y reconocibles de España. La Real Maestranza de Sevilla, por su parte, arrastra una tradición histórica y nobiliaria muy potente, con privilegios reales desde 1730. Ambas han proyectado una imagen tan fuerte que muchas personas las sitúan, por intuición, en el origen de todo.

Lugar Fecha clave Qué la hace relevante Qué no significa
Béjar 1711-1714 Conserva el coso estable más antiguo que suele citarse en España No es la más monumental ni la más famosa fuera del ámbito taurino
Ronda 1785 Es un icono arquitectónico y taurino de primer nivel No es la más antigua
Sevilla Siglo XVIII, con impulso institucional desde 1730 Es una plaza central en la historia y la estética del toreo No ocupa el primer puesto por antigüedad
Plazas mayores Etapa anterior Fueron el escenario habitual de los primeros festejos No eran cosos permanentes de fábrica

La tabla ayuda a ordenar la cuestión porque, en realidad, la confusión nace de mezclar criterios distintos. Una plaza puede ser la más antigua y no la más conocida; otra puede ser la más bella y no la primera; otra puede ser central en la historia del toreo sin ser la más vieja. Cuando se separan esos planos, la respuesta gana precisión y pierde ruido. Y si uno quiere visitar o estudiar una plaza histórica, esa precisión importa mucho más de lo que parece.

Qué merece la pena mirar si visitas la ancianita

Si te acercas a Béjar con mirada patrimonial, no te limites a “ver el ruedo”. Yo me fijaría en tres cosas: la geometría del recinto, las huellas de sus distintas fases constructivas y su relación con el entorno del Castañar. La ubicación, a las afueras del casco urbano y junto al santuario, no es accidental; habla de una manera concreta de entender la fiesta, la devoción y el espacio público.

También merece atención el hecho de que siga siendo un lugar vivo. Una plaza histórica que no se usa o no se interpreta acaba convertida en una postal. En cambio, cuando mantiene actividad cultural, visitas o actos puntuales, conserva algo esencial: la sensación de que el patrimonio no está congelado. Ese equilibrio entre conservación y uso es delicado, pero es el que de verdad da sentido a estas arquitecturas. No hace falta idealizarlo: una plaza antigua exige mantenimiento, lectura histórica y una gestión sensata para no perder autenticidad.

Si vas con interés cultural, conviene preguntar por horarios y apertura antes de desplazarte, porque pueden variar según temporada o programación. Y si además quieres hacer la visita con calma, Béjar da margen para completar la experiencia con su entorno serrano, su casco histórico y esa mezcla de tradición religiosa y taurina que explica muy bien por qué el coso nació donde nació. Esa lectura más amplia es la que evita quedarse solo con el dato de la edad.

Lo que conviene recordar cuando hablas de la plaza taurina más antigua

La idea más útil no es repetir que una plaza es “la primera” sin más, sino entender qué tipo de primera estamos nombrando. Si hablas del coso estable más antiguo conservado en España, Béjar es la referencia correcta. Si hablas de plazas monumentales y de enorme peso cultural, Ronda y Sevilla tienen un lugar propio, pero distinto. Y si hablas del origen remoto de la fiesta, entonces hay que mirar antes a las plazas mayores y a los cerramientos provisionales.

Yo me quedaría con una regla sencilla: en historia taurina, la precisión vale más que el titular fácil. Llamar a cada plaza por lo que realmente representa evita errores y, además, hace justicia a su patrimonio. Béjar es clave porque conserva el puente entre la fiesta improvisada y la plaza de piedra; por eso su valor no depende solo de la antigüedad, sino de lo bien que cuenta el nacimiento de un modelo arquitectónico y cultural. Y esa, al final, es la mejor respuesta que puede dar un artículo serio sobre el tema.

Preguntas frecuentes

La plaza de toros de Béjar, conocida como El Castañar o "La Ancianita", es considerada la plaza estable más antigua conservada en España, con su construcción de fábrica datando de entre 1711 y 1714.

La confusión surge porque Ronda (inaugurada en 1785) y la Real Maestranza de Sevilla (con tradición desde 1730) son plazas de gran peso simbólico y arquitectónico. Sin embargo, no son las más antiguas en términos de construcción permanente.

Antes de la existencia de plazas de toros permanentes, las corridas se celebraban en plazas mayores de las ciudades o en recintos temporales de madera. Esto era común para festejos cívicos y patronales.

Su relevancia radica en que representa la transición de los festejos improvisados a los cosos permanentes. Conserva la arquitectura de un edificio taurino temprano y muestra cómo se institucionalizó el toreo en España.

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Autor Fernando Tafoya
Fernando Tafoya
Me llamo Fernando Tafoya y tengo cuatro años de experiencia explorando el fascinante mundo de la cultura taurina, la historia y la gastronomía. Mi interés por estos temas nació de una profunda curiosidad por las tradiciones que dan forma a nuestra identidad. A lo largo de estos años, he dedicado mi tiempo a investigar y escribir sobre la riqueza de las costumbres taurinas, así como a descubrir los matices históricos que las rodean y las delicias culinarias que las acompañan. En mi trabajo, me esfuerzo por ofrecer información útil, precisa y comprensible. Me gusta comparar distintas fuentes y simplificar temas complejos para que sean accesibles a todos. Estoy comprometido con mantenerme al día sobre las tendencias actuales y presentar un conocimiento organizado que ayude a mis lectores a entender mejor estos aspectos de nuestra cultura. Espero que mis aportes en emiliodejusto.es sean de interés y utilidad para quienes comparten esta pasión.

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