Lo esencial de su figura en pocas líneas
- Fue un rejoneador sevillano nacido en La Puebla del Río en 1933 y fallecido en Sevilla en 2025, a los 92 años.
- Debutó en Constantina en 1957 y dio el salto a Las Ventas en 1959, dos hitos que marcaron su proyección.
- Su mejor etapa llegó en los años 70, cuando lideró el escalafón del rejoneo en 1972 y 1973.
- Su sello se asoció a la colocación al pitón contrario, los pares al quiebro y los pares a dos manos.
- Compartió época y proyección con Ángel Peralta en los llamados Jinetes de la Apoteosis.
- Además de torear, trabajó como ganadero y criador, algo clave para entender su influencia real en la cultura taurina.
Quién fue y por qué su nombre sigue contando
Hablar de Peralta es hablar de una generación que elevó el toreo a caballo desde el terreno del oficio solvente hasta una expresión con personalidad propia. Nació en La Puebla del Río en 1933 y murió en Sevilla en 2025, pero su nombre no pertenece solo a una necrológica: sigue apareciendo cada vez que se quiere explicar cómo el rejoneo andaluz ganó empaque, riesgo y una estética más definida.
Yo creo que su relevancia no está solo en los trofeos o en la cantidad de festejos, sino en la manera en que convirtió el caballo en una extensión del criterio torero. No era una figura ornamental; era un caballero de plaza con una idea muy clara del sitio, del tiempo y de la exposición. Para entender por qué dejó huella, conviene mirar primero sus inicios y el salto que dio a las plazas grandes.
De La Puebla del Río a las plazas de referencia
Su recorrido profesional empezó pronto y con una progresión muy nítida. Debutó en Constantina el 4 de junio de 1957 y, apenas dos años después, se presentó en Las Ventas el 30 de mayo de 1959, un escenario que funciona como termómetro de verdad para cualquier carrera taurina. Ese paso no fue decorativo: significó entrar en la conversación seria del rejoneo nacional.
| Fecha | Hito | Por qué importa |
|---|---|---|
| 4 de junio de 1933 | Nace en La Puebla del Río | Su vínculo con el campo bravo andaluz arranca en su propia biografía. |
| 4 de junio de 1957 | Debuta en Constantina | Es el primer paso de una carrera que pronto se abrirá camino fuera de su entorno. |
| 30 de mayo de 1959 | Se presenta en Las Ventas | Entra en la gran plaza de referencia y gana visibilidad nacional. |
| 1972 y 1973 | Lidera el escalafón | Confirma que no fue una figura secundaria, sino una referencia de primer nivel. |
| 4 de julio de 2025 | Fallece en Sevilla | Cierra una trayectoria larga, pero deja un legado todavía reconocible. |
Entre 1970 y 1975 sumó 548 festejos y 1.788 orejas, una cifra que ayuda a entender por qué su nombre quedó ligado a la zona alta del rejoneo de su tiempo. Ese volumen no se explica solo por la frecuencia de actuaciones, sino por una regularidad competitiva muy poco común. Y precisamente esa regularidad se percibe mejor cuando se observa su manera de torear.
El estilo que lo distinguió en el ruedo
Su estilo no buscaba únicamente el aplauso fácil. A mí me interesa porque combina dos cosas que a veces se separan sin necesidad: estética y compromiso. Peralta cargaba la suerte al pitón contrario, apuraba la reunión y trabajaba con una limpieza técnica que daba sentido al riesgo. Eso, en rejoneo, no es un detalle menor; es lo que separa la ejecución correcta de una faena con verdadero peso.
- Los pares al quiebro le permitían templar la embestida y colocar el caballo en el momento exacto.
- Los pares a dos manos se convirtieron en una de sus señas de identidad más reconocibles.
- La colocación al pitón contrario aumentaba la emoción sin sacrificar el control.
- La reunión corta y precisa daba a su obra una sensación de verdad que el público percibía de inmediato.
Ese modo de hacer las cosas explica por qué su nombre se asocia a una escuela más exigente, menos dependiente del adorno y más atenta al sitio. Y ese sello cobra todavía más sentido cuando se pone al lado de la saga familiar que ayudó a definir una época del rejoneo.
La collera con Ángel Peralta y los Jinetes de la Apoteosis
La relación con Ángel Peralta fue mucho más que la de dos hermanos con oficio parecido. Juntos formaron una collera taurina de enorme influencia y, con Álvaro Domecq y José Samuel Lupi, integraron los conocidos Jinetes de la Apoteosis. No era un grupo de nombres famosos por simple acumulación; era una generación que cambió la percepción del toreo a caballo y le dio una dimensión más moderna, más organizada y más espectacular.
En esa época, la collera no funcionaba solo como una suma de talentos, sino como una forma de entender el espectáculo. Los Peralta compartían una idea de doma, de ritmo y de precisión que el aficionado identificaba enseguida. Esa compenetración familiar ayudó a crear una imagen muy concreta del rejoneador andaluz: elegante, técnico, valiente y, al mismo tiempo, muy conectado con el caballo como herramienta y como lenguaje.Lo importante aquí no es solo la fama compartida, sino la capacidad de ambos para fijar un estándar. Cuando un nombre deja de ser individual y pasa a nombrar una manera de torear, ya no estamos ante un caso aislado. Estamos ante una referencia de época. Y de ahí se pasa con naturalidad a su otra gran faceta, menos visible pero igual de importante: la del campo y la crianza.
Ganadero, criador y hombre de campo
Reducir su trayectoria a las tardes de plaza sería quedarse corto. Peralta también fue ganadero y criador, y desde 1953 conservó el encaste Contreras, primero bajo su nombre y más adelante como Hermanos Peralta. Además, en su yeguada Agrícola Peralta trabajó con caballos de Pura Raza Española y de estirpe cartujana, un detalle que no es anecdótico: en el rejoneo, la calidad del caballo determina buena parte del resultado final.
Ese trabajo de campo explica por qué su figura sigue pesando incluso fuera del coso. Quien cría, selecciona y prepara caballos no solo participa en la fiesta; también modela el nivel técnico de la disciplina. Por eso su legado no se limita a una colección de tardes memorables. También deja una huella material en el tipo de caballo, en la doma y en la cultura campera que sostiene el rejoneo desde atrás.
Su compromiso social reforzó todavía más esa imagen amplia. En 2002 recibió la Cruz de Oro de la Orden Civil de la Solidaridad Social, y eso habla de una biografía que no se agotó en la plaza. Con todo ese conjunto de piezas, su legado sigue ofreciendo una lectura muy útil del rejoneo actual.
Por qué su legado sigue siendo útil en 2026
En 2026, hablar de Peralta sigue sirviendo para algo más que recordar a una figura histórica. Sirve para distinguir qué hace grande a un rejoneador: la técnica, la relación con el caballo, la capacidad de medir el riesgo y la coherencia entre lo que se muestra en la plaza y lo que se construye fuera de ella. Si yo tuviera que resumir su valor para el aficionado de hoy, diría que enseña a mirar con más criterio y menos prisa.
También deja una lección muy práctica para quien se acerca al rejoneo desde la curiosidad: no basta con ver movimiento, hace falta leer colocación, distancia y temple. Ese aprendizaje sigue siendo válido porque su carrera no se apoyó en una moda pasajera, sino en una forma de hacer las cosas que resistió durante décadas. Y ahí está, para mí, la razón de fondo por la que su nombre permanece.
Si uno quiere entender el toreo a caballo en España sin quedarse en la superficie, la trayectoria de este rejoneador sevillano ofrece un mapa bastante completo: origen andaluz, ascenso en las grandes plazas, técnica reconocible, familia taurina, trabajo ganadero y compromiso con la cultura que lo rodeaba. Esa mezcla es la que convierte a una figura en referencia, y aquí está muy bien trazada.
