Lo esencial para entender La Candelaria sin rodeos
- Es la plaza taurina de Valdemorillo y uno de los primeros escenarios relevantes del calendario en España.
- Su versión actual se construyó en 2002, se inauguró en 2003 y la cubierta quedó terminada en 2007.
- Tiene un aforo aproximado de 5.000 localidades y un ruedo de 45 metros de diámetro.
- La feria de San Blas y La Candelaria suele celebrarse a comienzos de febrero, en pleno invierno madrileño.
- La cubierta no es un detalle menor: cambia la experiencia, reduce la dependencia del tiempo y amplía su uso cultural.
- Si vas en 2026, conviene revisar bien los abonos, las entradas sueltas y la logística de acceso antes de salir.
Por qué esta plaza tiene tanta personalidad
Yo no la leería solo como una plaza de un municipio de la sierra, sino como un coso que marca el arranque emocional de la temporada. En Valdemorillo, el festejo no llega cuando el calendario ya va rodado, sino cuando todavía domina el frío, y eso le da al conjunto un tono muy particular: más expectación, menos rutina y una atención especial a cada detalle del cartel.
Ese carácter de “primera cita” explica buena parte de su prestigio. No se trata únicamente de llenar un aforo medio o de montar una feria breve; lo importante es que aquí se mide el pulso inicial del año taurino. En plazas así, el público suele estar más atento a la promesa que al ruido, y eso hace que cada tarde tenga un peso mayor del que sugeriría su escala.
Además, Valdemorillo tiene algo que a veces se pasa por alto: su identidad no depende de grandes monumentos, sino de una tradición muy concreta y muy reconocible. La plaza funciona como un símbolo local, pero también como una referencia para la afición madrileña que busca empezar el año con una lectura seria del momento taurino. Desde aquí se entiende mejor por qué su historia importa tanto.
De los festejos de 1923 a la Candelaria actual
La historia del coso no empieza con el edificio que vemos hoy. Hay constancia de festejos taurinos en Valdemorillo en 1923, lo que demuestra que la relación del municipio con esta tradición es mucho más antigua que la plaza fija actual. Durante décadas, el pueblo sostuvo sus celebraciones con soluciones más provisionales, hasta que la necesidad de una instalación estable terminó imponiéndose.
La plaza moderna se levantó en 2002 e inauguró su actividad el 4 de febrero de 2003. Aquel estreno fue importante porque sustituyó el formato portátil que había acompañado durante años los festejos locales. A mí me parece un detalle clave: cuando un pueblo pasa de la provisionalidad a un coso propio, no solo gana infraestructura, gana también continuidad cultural.
| Dato | Valor |
|---|---|
| Primeros festejos documentados | 3 de febrero de 1923 |
| Construcción de la plaza actual | 2002 |
| Inauguración | 4 de febrero de 2003 |
| Cubierta terminada | 4 de febrero de 2007 |
| Aforo aproximado | 5.000 localidades |
| Ruedo | 45 metros de diámetro |
La cubierta terminó de cerrarle el círculo a la plaza en 2007. Y eso no es un simple dato técnico: en febrero, en la sierra de Madrid, una cubierta bien resuelta cambia la viabilidad del festejo y también la comodidad del aficionado. Con esa base histórica ya se entiende mejor por qué La Candelaria no es solo una plaza nueva, sino una plaza pensada para resistir el clima y sostener una temporada temprana.

Cómo es la plaza y por qué la cubierta cambia la experiencia
Arquitectónicamente, la plaza está pensada para un uso funcional y compacto. No busca la grandiosidad de las grandes catedrales taurinas, sino una solución eficaz: un solo graderío, capacidad para unas 5.000 personas, ruedo amplio y dependencias suficientes para trabajar con solvencia. Esa combinación suele decir mucho de una plaza más de lo que parece a primera vista.
Los elementos técnicos también importan. El callejón, los chiqueros, los corrales, el patio de caballos y la enfermería no son decoración; son la infraestructura que permite que el festejo tenga ritmo, seguridad y operatividad. Cuando una plaza los resuelve bien, el público lo percibe aunque no siempre sepa nombrarlo. Yo suelo fijarme en eso: en la plaza que se nota organizada porque todo fluye sin estridencias.La cubierta, en cambio, es lo que convierte a este coso en algo especialmente útil. En invierno, evita suspensiones y mejora el confort del espectáculo. No elimina el frío exterior ni convierte febrero en mayo, pero sí protege el desarrollo del festejo y reduce la dependencia del tiempo. Esa ventaja, en una plaza que abre temporada, vale mucho más que en un coso de calendario más amplio.
También conviene recordar que su uso no se limita estrictamente a la tauromaquia. La propia Comunidad de Madrid ha utilizado la plaza cubierta para actividades como la Ciudad de la Navidad, lo que confirma que el recinto funciona como espacio cultural polivalente dentro del municipio. Esa versatilidad ayuda a entender por qué sigue viva más allá del cartel taurino.
Con ese perfil en mente, lo natural es pasar a la feria que de verdad define su nombre en el circuito: San Blas y La Candelaria.
La feria de San Blas y La Candelaria en 2026
La feria de Valdemorillo sigue siendo, en 2026, una referencia de arranque. El abono de este año incluye una novillada con picadores el 6 de febrero y dos corridas de toros los días 7 y 8, además de una clase práctica previa. Esa estructura resume bien la lógica del ciclo: combinar cantera, figuras y un punto de solemnidad que marque la salida oficial del curso taurino.
En una feria así, el interés no está solo en el nombre de los espadas. También cuenta la variedad del programa, la calidad de las ganaderías y el hecho de que el público sabe que está viendo el primer termómetro serio del año. Cuando una plaza se coloca en ese lugar del calendario, cada decisión de programación pesa más de lo normal.
- La novillada con picadores abre el ciclo y sirve para medir a los nuevos nombres.
- Las corridas de los días 7 y 8 concentran el foco principal del fin de semana.
- La clase práctica añade un componente formativo que da sentido al prólogo de la feria.
- El horario de tarde ayuda a mantener la tradición de un festejo de invierno bien resuelto.
La parte práctica también merece atención. La propia web oficial de la plaza fija la venta de abonos del 26 de enero al 1 de febrero y la de entradas sueltas desde el día 2; además, mantiene puntos de venta presenciales y venta online. Si vienes desde Madrid, la organización suele habilitar autobuses desde Las Ventas, algo útil para evitar complicaciones de coche y aparcamiento en días de mucha afluencia.
Con la feria entendida, ya solo falta aterrizar en lo que de verdad le interesa al aficionado o al visitante ocasional: cómo ir con criterio y no dejar la experiencia al azar.
Qué conviene saber antes de ir
Si fuera por primera vez, yo tendría claras tres cosas. La primera: no llegar justo al inicio, porque en plazas de este tipo los accesos y las taquillas se cargan rápido. La segunda: revisar bien si te interesa abono o entrada suelta, porque la diferencia cambia la forma de vivir el ciclo. La tercera: no confiarse con el tiempo, aunque el coso esté cubierto.
La cubierta te salva del problema principal, pero no convierte la jornada en algo cálido por definición. Febrero en la sierra sigue siendo febrero, y eso afecta al trayecto, a la espera previa y a la salida. Ir bien abrigado puede parecer un consejo obvio, pero en plazas de invierno es el tipo de detalle que distingue una tarde cómoda de una tarde larga por las razones equivocadas.
Lo que yo miraría en el cartel
Más allá de los nombres, me fijaría en el equilibrio del festejo: si hay novillada, qué papel tienen los jóvenes; si hay corrida, qué ganaderías sostienen el peso del programa; y si el ciclo está pensado para abrir temporada o para vender únicamente figuras. Ese análisis suele dar más información que leer el cartel solo por inercia.
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Cómo aprovechar mejor la visita
Si el viaje te lo permite, conviene llegar con margen para ver el ambiente del pueblo antes de entrar a la plaza. En Valdemorillo, la feria no se limita al ruedo: forma parte de una experiencia local más amplia, y eso se nota en el ritmo de la tarde, en la conversación de la afición y en el entorno del coso. Cuando una plaza vive de verdad su feria, el exterior también cuenta.
Y si vienes desde Madrid, el transporte organizado puede ser más sensato que improvisar. En una cita de febrero, con regreso a la misma noche y posible aglomeración a la salida, la logística influye tanto como el cartel. Esa es la clase de realidad que un buen visitante no debería subestimar.
Lo que Valdemorillo dice sobre una plaza taurina bien planteada
La gran virtud de esta plaza es que no intenta parecer lo que no es. No compite por tamaño con los grandes monumentos taurinos, pero sí por utilidad, personalidad y momento del año. Y en ese terreno sale muy bien parada: abre temporada, resuelve el invierno, sostiene tradición y mantiene un vínculo real con la vida del municipio.
Si a eso sumas su historia, la evolución desde los festejos tempranos del siglo XX hasta el coso cubierto actual y su uso para actos culturales fuera del calendario taurino, el resultado es una plaza con más recorrido del que su escala sugiere. Yo me quedo con esa idea: Valdemorillo importa porque demuestra que una plaza bien pensada puede ser pequeña en número y grande en significado.
Para quien quiera entender las plazas de toros de la Comunidad de Madrid con algo más de fondo, La Candelaria es una parada muy útil. Y para quien solo busque una primera referencia seria del arranque taurino, también: aquí la tradición no se presenta como un decorado, sino como una estructura viva que sigue dando forma a cada febrero.
